Boletín de prensa del Consejo Regional de Pueblos originarios en Defensa del territorio de Puebla e Hidalgo

La manera en que los partidos políticos fungen como agencias de colocación dispuestas a proyectar candidatos sin base ni representación social, sin preparación ni horizonte político, pero dispuestos a competir a cualquier precio en el reparto de cargos públicos por el mero gusto de obtener un reconocimiento que compense el amplio espectro de frustraciones que les aquejan y frecuentemente con el hambre de encontrar una fuente de ingresos cuyo único requisito esencial es carecer de escrúpulos y respetar los límites de lo políticamente correcto en cada ocasión, corrobora las limitaciones personales y de todo tipo de estos profesionales de la oportunidad y el arribismo, quienes, con una retórica elemental y una capacidad inmensa para agachar la cabeza y lustrar los zapatos del jefe en turno, con una flexibilidad extraordinaria para negociar incluso con lo que no les pertenece, se construyen una imagen falsa como líderes o luchadores sociales, como personajes con altas influencias y variedad de contactos, como gestores comunitarios y hasta defensores de derechos humanos, para encubrir su disposición natural a aprovecharse de la ignorancia y la necesidad de nuestros pueblos y comunidades, entre cuyos miembros también contamos traidores, con el objeto de conseguir su simpatía y su voto en el único momento en que esta precaria ciudadanía toca con las llamas de sus dedos el poder y los tentáculos del Estado para sentirse parte de algo en un país donde las mayorías son objeto no sólo de una exclusión estructural de la vida pública sino de una sistemática manipulación por parte de los vividores y vende patrias políticos profesionales.

Aquí, en la Sierra Norte de Puebla, en los municipios amenazados por el Gasoducto Tuxpan-Tula, los pueblos otomíes, nahuas y totonacos, así como las decenas de comunidades que hemos mantenido con nuestros propios recursos la defensa colectiva de nuestros territorios por dos años y que por iniciativa propia hemos reivindicado los consejos indígenas como espacios organizativos y de concientización popular, tenemos claro que la única manera de superar la descomposición social de nuestra entidad no puede depender de los caciques y farsantes que ahora mismo se disputan a muerte apoyos y favores que les permitan candidatearse para las próximas elecciones municipales y demás, menos aún cuando las vías institucionales resultan un via crucis repleto de obstáculos y criminales prestos para secuestrar la voluntad de quienes actuamos políticamente no para hacer negocios privados con medios públicos sino porque sabemos que las posibilidades y condiciones de nuestra lucha, nuestra propia integridad física y la unidad de nuestras comunidades, se ponen en riesgo con las intervenciones partidistas y la corrupción del poder público en un país destruido por la irracionalidad económica impuesta desde fuera.

Somos conscientes de la necesidad que las comunidades tenemos de apropiarnos de los espacios públicos, sabemos que se trata de una tarea que los oportunistas y vividores, los aspirantes a una carrera política, los servidores pragmáticos del poder detrás del poder, son incapaces de llevar a cabo. Tenemos claro que estos sapos y ratas carecen de principios y horizontes, son personajes inflados con una imagen construida artificialmente que jamás han trabajado en las comunidades ni colaborado en la construcción de redes de resistencia y articulación social para enfrentar las amenazas concretas y necesidades de los pueblos de la región. Asimismo, vemos cómo los partidos políticos avanzan cooptando gente y destruyendo los vínculos comunitarios que subsisten y con grandes esfuerzos hemos mantenido en muchas de nuestras localidades. El monopolio que estos entes ejercen sobre la vida pública y las instancias de gobierno nos ha obligado ha tomar distancia de tales dinámicas y buscar caminos alternativos para defender nuestros territorios.

La denuncia que en otros estados se ha hecho respecto de los modos en que se conducen los operadores locales de la supuesta izquierda partidista es vigente también en Honey, Pahuatlán y Tlacuilotepec, donde ni siquiera la popularidad de Andrés Manuel López Obrador podrá suplir o compensar las carencias y la realidad miserable de quienes, al fin pragmáticos oportunistas y lambiscones por costumbre, ahora se declaran sus más fieles seguidores.

Sabemos que el gran reto consiste en rebasar las complicaciones que hemos mencionado, pero esa tarea, como siempre hemos insistido, sólo podemos cumplirla los pueblos conscientes y organizados, con liderazgos auténticos, principios éticos y horizontes firmes que guíen nuestros actos. Los payasos que protagonizan la política electoral y los arribistas que se cuelgan de las batallas que otros hemos dado sin más interés que vivir con dignidad e impulsar cambios socialmente necesarios en nuestros municipios, personifican la decadencia política de los operadores partidistas que en teoría laboran en la región. En estas condiciones la lucha contra el Gasoducto y los proyectos de muerte en la Sierra Norte de Puebla vivirá momentos difíciles cruzada por dos fuegos: el de los operadores políticos locales, sedientos de poder a toda costa, y el habitual ataque de las empresas TransCanada y Bonatti, sus comisionistas locales y del gobierno federal. Frente a ellos insistimos en que nosotros no venderemos la lucha al mejor postor ni seremos capital político para candidatos y partidos, como tampoco cederemos en nuestros reclamos ni negociaremos con nuestros derechos.

Boletín de prensa.

28 de enero de 2017.

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