Proponen plan para revertir desastre ecológico en la cuenca del alto Atoyac

La contaminación supera hasta en 800% límites máximos permitidos por la Conagua

Organizaciones ciudadanas y académicos señalan corresponsabilidad de empresas industriales y de autoridades de los tres niveles de gobierno

La CNDH emitió recomendación hace casi un año

La Jornada de Oriente 

José Carlos Avendaño Flores

La Jornada de Oriente

Periódico La Jornada
Lunes 12 de febrero de 2018, p. 29

Tlaxcala, Tlax.

La crisis ambiental y de salud en la cuenca del alto Atoyac tiene explicación: durante más de 50 años ha cambiado en forma ininterrumpida el uso de suelo agrícola y forestal para cederlo a miles de empresas industriales (de los ramos petroquímico, químico, metalmecánico, automotriz, de autopartes, textil, de alimentos, de producción de cerámica, y otras), que se asentaron en las márgenes de los ríos Atoyac, Xochiac, Zahuapan y sus afluentes, y que tienen acceso irrestricto a las aguas superficiales y subterráneas.

Así lo expone el Centro Fray Julián Garcés, Derechos Humanos y Desarrollo Local, asociación civil de Tlaxcala, en estudios que ha realizado, junto con otras organizaciones sociales, en torno al río Atoyac, que cruza por Tlaxcala y Puebla y presenta niveles de contaminación tan altos que en marzo de 2017 la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) emitió la recomendación 10/2017.

La contaminación del río Atoyac es ocho veces superior al límite máximo que la Comisión Nacional del Agua (Conagua) considera aceptable.

Ante el riesgo que esto representa para la salud de los 2.3 millones de habitantes de Puebla y Tlaxcala, el Tribunal Latinoamericano del Agua emitió en 2006 un veredicto en el cual lo califica de grave desastre ambiental y social.

Entre los compuestos químicos que se detectaron en el cauce hay metales tóxicos, como mercurio y plomo; solventes, como benceno o cloroformo, así como cloruro de vinilo y disruptores hormonales como ftalato de di (2-etilhexilo) ftalato o DEHP.

Violan normas 78% de empresas

De las industrias que descargan sustancias al Atoyac y han sido evaluadas por el Instituto Mexicano de la Tecnología del Agua (IMTA), 78 por ciento no cumplió lo estipulado en la norma oficial mexicana NOM-001 sobre concentración de metales pesados, y 74 por ciento de las descargas de las industrias presenta niveles altos de toxicidad.

La recomendación 10/2017 de la CNDH señala violaciones a los derechos a un medio ambiente sano, al saneamiento del agua y a la información, entre otros, que durante más de 20 años han estado cometiendo autoridades de los tres niveles de gobierno, así como miles de empresas (algunas asentadas en la cuenca desde hace más de 50 años) que vierten, sin tratamiento alguno, residuos tóxicos a cauces de ríos, arroyos, zanjas y canales, así como a la atmósfera y los campos de cultivo.

La cuenca del Alto Atoyac recibe a diario descargas de metales pesados, hidrocarburos, compuestos orgánicos volátiles e incluso residuos fecales provenientes de los drenajes municipales, sin tratamiento alguno para prevenir enfermedades entre la población.

En consecuencia, las comunidades ribereñas han visto desaparecer numerosas especies de flora y fauna que antes de la llegada masiva de la industria servían de medicina, alimento, símbolo cultural o estético.

Además, organizaciones de la sociedad civil (entre ellas la Coordinadora por un Atoyac con Vida y la Red de Jóvenes en Defensa de los Pueblos) observaron que el agua del río adquirió colores y olores característicos de sustancias anteriormente inexistentes en la región.

Con la transformación de los arroyos, canales, zanjas y ríos en drenajes industriales y municipales, empezaron a aparecer enfermedades que hasta entonces eran raras entre los pobladores: cáncer, anemia, púrpura trombocitopénica, leucemia mieloide, arseniosis e insuficiencia renal, entre otras.

Comenzaron a documentarse casos de daño genotóxico entre niños y tasas elevadas de mortalidad infantil en puntos cercanos a los cauces. La recomendación de la CNDH señala: Existe un nexo causal entre la contaminación de los ríos, la falta de saneamiento de las aguas residuales municipales e industriales y la incidencia de enfermedades crónico-degenerativas en la población.

Alejandra Ramírez, vecina de Tepetitla, se lamenta: A mis 45 años, me pregunto si me alcanzará la vida para ver el río limpio. Reprocha los discursos oficiales, que anuncian inversiones millonarias, pero no se reflejan en saneamiento. Sus ancestros le cuentan que antes el agua era nítida.

El número de procesos requeridos para descontaminar el río Atoyac ha aumentado 500 veces, pero si se postergan las acciones cada vez será mayor por la descarga de aguas residuales, advierten científicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Durante el Foro Comunitario por el Saneamiento de la Cuenca Atoyac-Zahuapan, convocado por organizaciones de la sociedad civil a finales de 2017, Omar Arellano, de la Facultad de Ciencias de la máxima casa de estudios, expuso que hace algunos años se trató de calcular cuánto tendría que reducirse la contaminación del Atoyac para que vuelva a tener vida acuática.

Trabajamos en el laboratorio con un pececito, que se llama hebra. Tuvimos que diluir 500 veces la muestra colectada en ese río para que los embriones sobrevivieran y llegaran a adultos. Este es un dato muy revelador, pues da un parámetro de que la meta a descontaminar es de 500 veces, y si no lo hacemos ahora será de mil veces y cada vez mayor.

Por su parte, pobladores de los municipios afectados por la contaminación del Atoyac advierten que la situación no ha dejado de empeorar y exigen atacar el problema de fondo.

Activistas de las asociaciones civiles citadas, que laboran en torno a este problema desde hace más de 20 años, precisan que la mayor incidencia de cáncer, leucemia y otros padecimientos no es invención nuestra y reclaman que los derechos humanos no pueden decretarse desde un escritorio.

Por ello, Alejandra Méndez Serrano, directora del Centro Fray Julián Garcés, informó que las organizaciones civiles elaboraron una propuesta comunitaria

basada en seis puntos: el saneamiento de la cuenca del alto Atoyac, que incluye los cauces de los ríos, arroyos, canales y zanjas; la restauración de suelos en el lecho de ríos y arroyos, en la ribera y en los terrenos aledaños a la zona federal.

Según Méndez Serrano, también implicaría la prevención, control y vigilancia de la contaminación de la cuenca, y el diseño y aplicación de un plan emergente de salud para quienes hoy están enfermos debido a la contaminación de la cuenca.

El plan de saneamiento deberá contar con recursos económicos suficientes para llevar a cabo todas sus acciones en cada etapa y la aplicación de medidas de reparación del daño a personas, familias y comunidades en su salud, economía, cultura y dignidad.

Octavio Rosas Landa, investigador de la Facultad de Economía de la UNAM y miembro del Centro Fray Julián Garcés Derechos Humanos y Desarrollo Local, explica que la recomendación 10/2017 fue dirigida a la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales, a la Conagua, a la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente y a la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, en el ámbito federal; a los gobiernos de Puebla y Tlaxcala, y a los ayuntamientos de San Martín Texmelucan y Huejotzingo, en Puebla; y de Ixtacuixtla, Tepetitla y Natívitas, en Tlaxcala.

A todos se les requiere formar un grupo interinstitucional con participación de la sociedad civil encargado de formular un plan integral de restauración ecológica o saneamiento de la cuenca del alto Atoyac que incluya un plan de salud para atender la crisis sanitaria que enfrentan los poblados de la cuenca desde hace más de 25 años.

La recomendación de la CNDH fue respuesta a una queja interpuesta hace seis años por un grupo de pobladores de varias localidades del alto Atoyac, agrupados en la Coordinadora por un Atoyac con Vida, quienes han denunciado los impactos catastróficos de la contaminación de la cuenca en la vida comunitaria, la cultura, la economía, el medio ambiente y, principalmente, en la salud de los habitantes.

La CNDH advirtió que, durante más de dos décadas, las instituciones del Estado mexicano han actuado sistemáticamente para ocultar o negar la existencia de la contaminación de los ríos Atoyac, Xochiac, Zahuapan y sus afluentes, por parte, principalmente, de grandes empresas asentadas en corredores, parques y ciudades industriales, en perjuicio del entorno y la salud de 2.3 millones de personas.

El 14 de diciembre de 2017, el Grupo Especializado en el Saneamiento de los Ríos Zahuapan-Atoyac entregó al gobernador de Tlaxcala, Marco Antonio Mena Rodríguez, la propuesta de plan estratégico para la restauración del Atoyac, sin especificar plazos, número de metas ni la inversión.

Tampoco precisó que el proyecto deriva de la recomendación 10/2017, emitida en marzo de 2017 por la CNDH después de recibir una queja en 2011.

El programa fue entregado en la sexta sesión de trabajo de un grupo especializado presidido por Anabell Ávalos Zempoalteca, presidente municipal de la ciudad de Tlaxcala.

La funcionaria reconoció que las comunidades enfrentan pérdida de la calidad y cantidad del agua, crecimiento urbano anárquico, degradación forestal y pérdida de suelo y biodiversidad.

También se debe revertir el manejo inadeacuado de residuos sólidos, la insuficiencia de vigilancia e investigación, así como la falta de investigación, legislación, participación social y cultura ambiental.

http://www.jornada.unam.mx/2018/02/12/estados/029n1est

 

Fuente: 
La jornada

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