Fracking causa escasez del agua en EU

La jornada 28 de noviembre de 2018
Bajo la lupa
Alfredo Jalife-Rahme

En su demoledor libro Saudiamérica: La verdad sobre el fracking y cómo está transformando al mundo (https://amzn.to/2yG6QCj), la connotada investigadora Bethany McLean había exhibido el canibalismo del fracking, la toxicidad del agua usada y su estafa financiera (https://bit.ly/2QlHUdZ), a sabiendas de sus efectos deletéreos que causan mayores daños que beneficios cuando cada barril de petróleo significa cuatro barriles de agua tóxica, lo cual conlleva un costo adicional de seis dólares por barril para su eliminación (https://bit.ly/2SfXSDP).
Cada vez surgen mayores defectos del fracking cuando se considera(ba) que la toxicidad del agua era su mayor problema, lo cual de por sí era debatible, ya que las secretas sustancias químicas cancerígenas y la mayor frecuencia de sismos, que se han triplicado, no son nada menores.
Science Advances, del AAAS (American Association for the Advancement of Science), de la que fui miembro, realizó un estudio perturbador en el que expone que el fracking puede causar escasez de agua después de su sobrexplotación hasta en 800 por ciento (¡megasic!) en las partes desérticas del occidente de Estados Unidos (EU), en donde coincidentemente abundan los súperfuegos de incendios incontrolables, como el de California (https://bit.ly/2QqfL5q).
La escasez de agua que provoca el fracking por doquier es un factor limitante para esa industria polémica que extrañamente no gana dinero, sino que pareciera una carta que usa EU en su guerra geoestratégica contra China y Rusia.
Existe un incremento masivo hasta de mil 440 por ciento (sic) en la cantidad de agua desechable tóxica generada en los primeros años de operación del fracking –que perse está condenado a la muerte, ya que requiere de grandes cantidades de agua que son pirateadas de las regiones circundantes.
Los autores del estudio de Science Advances –Andrew J. Kondash, Nancy E. Lauer y Avner Vengosh– advierten que la intensificación acelerada del fracking, como sucede en algunas regiones, desembocaría en una grave escasez de agua en 2030, cuando podría alcanzar 50 veces mayor uso hidráulico.
Los científicos asientan que “el uso del agua para el fracking y la producción del agua desechable en las regiones de producción de gas/petróleo esquisto se ha incrementado dramáticamente: de 2011 a 2016, el uso del agua por pozo se incrementó 770 por ciento, mientras que el redireccionamiento del agua y los volúmenes de agua generados en el primer año de producción se incrementaron hasta mil 440 por ciento”.
Hoy el peor problema del fracking es la disposición del agua desechable.
Los tres científicos sentencian que “el continuo incremento de la huella hídrica del fracking con el tiempo implica que las operaciones no convencionales de petróleo y gas requerirán mayores volúmenes de líquido para la fractura hidráulica, que resultará en mayores volúmenes de agua desechable producida”. ¡El fracking ha puesto en peligro a la hidrosfera local/regional/global!
A mi juicio, una de las maneras de detener el caníbal fracking es impedir el uso del agua desde sus fuentes.
The Independent sentencia que “más agua es requerida en los sitios de frackingconforme los pozos son excavados cada vez más profundamente en el subsuelo, lo que explica porqué el uso del agua se ha incrementado pese a que la producción de petróleo y gas no-convencional ha declinado ampliamente en EU” (https://ind.pn/2vVwAdp).
Por cierto, la reinyección de agua desechable en el subsuelo en EU es una práctica prohibida en Gran Bretaña conforme ha sido vinculada a terremotos en algunas localidades, según The Independent.
En México, donde destila azufre el fracaso de la Conagua, urge la preservación de las aguas nacionales –desde la Huasteca, pasando por Jalisco, hasta el binomio Tabasco/Chiapas que provee 30 por ciento del agua del país con sus ríos Usumacinta y Grijalva– que el depredador y hoy agónico modelo neoliberal pretende hurtar y desviar para el expoliador proyecto Monterrey VI, con el fin de desarrollar el gas/petróleo esquisto del noreste y así conectarlo al proyecto itamita de integración energética de Norteamérica.
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https://www.jornada.com.mx/2018/11/28/opinion/022o1pol#

Fuente: 
La jornada