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Legendaria defensa de la tierra en Milpa Alta

La resistencia de un pueblo

Su experiencia centenaria consiste en no dejarse y litigar cuando es necesario

Impugnaron la Constitución capitalina, pues niega sus derechos básicos

Hermann Bellinghausen

Periódico La Jornada
Domingo 6 de agosto de 2017, p. 2

La comunidad nahua de Milpa Alta, conformada por nueve pueblos cuyos orígenes se remontan al siglo XII y han habitado el mismo suelo desde entonces, se encuentra a las puertas de la urbe capitalina y ahora, en lo que ven como imposición antidemocrática, son parte sin su consentimiento de la entidad rebautizada Ciudad de México. Consideran que esta denominación se definió contra ellos e impugnan la nueva Constitución local en los tribunales, pues niega nuestros derechos básicos a cambio de una serie de derechos chatarra que sólo engañan, comenta un joven de la comisión de medios de la comunidad.

En extensa entrevista colectiva con La Jornada y durante un recorrido por las tierras de Malacachtepec Momoxco (nombre nahua de Milpa Alta), los comuneros explicaron por qué no les afectan directamente la delincuencia, la violencia y la ilegalidad de los circundantes estados de Morelos y de México y de la Ciudad de México. Grupos criminales como los de la vecina delegación Tláhuac no han penetrado sus tierras. Cuidamos con brigadas diarias todo el territorio; tenemos un verdadero control de bosques, poblados, milpas y sembradíos. Además, la organización comunal y familiar se mantiene saludable.

Se trata de la única delegación enteramente rural en la entidad federativa que, dentro del Valle de México, alberga una de las mayores ciudades del orbe. No tienen presencia las cadenas comerciales, trasnacionales o no, como Walmart, Oxxo, Elektra, Chedrahui y otras que han intentado asentarse aquí, como hacen en todas partes, con respaldo del gobierno en todos sus niveles. Los comuneros se resisten al proyecto de cruzar transversalmente su territorio de bosques y campos de cultivo con una autopista de seis carriles, la Arco Sur. Defienden su agua, sus bosques y un modo de vida que el abrumado habitante urbano bien podría envidiar.

Su experiencia centenaria consiste en resistir y negociar, basarse en la legislación vigente y litigar cuando es necesario, mientras se rigen por sus propios acuerdos y leyes tradicionales. Viven en paz y en resistencia, dentro de la ley federal, pero sin dejarse. Las asambleas, siempre representativas y legítimas, toman las decisiones.

La extraordinaria sobrevivencia de los pueblos milpaltenses (momoxcas, en náhuatl) se inicia con el imperio azteca, al cual pertenecieron como señorío; permanece durante la violenta conquista, la Colonia, la Independencia, la Reforma, la Revolución y el siglo XX, hasta la actual etapa de demolición nacional en aras del libre mercado y la venta del suelo y la soberanía como proyecto explícito del Estado. ¿Cómo explicar su duración?

Encabezados por don Julián Flores Aguilar, hombre mayor de estos pueblos y representante general de bienes comunales de Milpa Alta y pueblos anexos, reciben a La Jornada miembros de los distintos comités de bienes comunales, quienes detallan con entusiasmo la experiencia viva de esta comunidad que ocupa casi 20 por ciento de la Ciudad de México (antes Distrito Federal), ubicada a mayor altura que el valle y rodeada de pequeños volcanes que delimitan y dan identidad geográfica a toda la región, un enclave entre Morelos, estado de México y las delegaciones Xochimilco, Tláhuac y Tlalpan. Comuneros jóvenes y mayores se turnan para hablar.

Sus experiencias abarcan una rica producción alimentaria, la protección ambiental efectiva, la organización comunal por encima de los partidos políticos, el cuidado y control de sus tierras, el respeto vivo a sus tradiciones milenarias sin renunciar a los beneficios de la modernidad. Aquí el calpulli (casa comunal) tiene Facebook, un dron para vigilar sus bosques y una sólida experiencia jurídica. Ahora se ampararon contra varias violaciones a sus derechos contenidas en la flamante Constitución Política de la Ciudad de México, empezando porque se les ignoró cuando fue redactada y aprobada. Las violaciones, sostienen en su amparo contra ella, se realizaron durante todo el proceso que culminó con la reforma constitucional en materia política para la Ciudad de México.

Una comunidad con todas las de la ley

La comunidad de Milpa Alta constituye un núcleo agrario en los términos del artículo 27 constitucional, expone José Pastrana, un joven que integra la comisión de medios de la representación de bienes comunales. Los pueblos del núcleo –Ozotepec, Atocpan, Ohtenco, Tecoxpa, Miacatlán, Tepenáhuac, Tlacotenco, Tlacoyucan y Villa Milpa Alta– son copropietarios de las tierras comunales y los comuneros son iguales en derechos y obligaciones. Detalla que los bienes comunales abarcan la mayor parte del territorio de la delegación. En sus costados, sobre todo al occidente, hay ejidos también indígenas, pero con diferente conformación agraria, y dos pueblos principales. Pese a que con Cuauhtenco sostienen una disputa ya centenaria por una fracción de algo más de seis mil hectáreas, la convivencia es cordial, así como con Tecomiti al norte.

Nuestros antepasados vieron la destrucción de los pueblos del Anáhuac hasta Xochimilco y Tláhuac, y decidieron negociar con el invasor, aceptaron sus leyes y su religión. En 1592 y 1593 recibieron dos mercedes de tierras. Desde el principio pelearon dentro de los esquemas jurídicos en vigencia y en 1709 obtuvieron los títulos de real composición de tierras de 28 mil 255 hectáreas. Durante la Revolución se perdió 40 por ciento de la población, que peleó del lado de Zapata. Todavía se recuerda cuando vino el caudillo. La institucionalidad posrevolucionaria reconocería con una resolución presidencial cerca de 18 mil hectáreas, tan tarde como 1952. No constituye un derecho, sino que reconoce uno existente.

José añade: Habiendo conflicto de límites no resueltos e incluso acentuados por el gobierno, los bienes comunales no pueden tener comisariado; por lo tanto, los pueblos constituyen una representación. Como tal hemos tramitado decenas de amparos, el más reciente contra la construcción que el delegado quiere hacer junto a la iglesia, aquí en el centro de Villa Milpa Alta.

La principal batalla jurídica de la comunidad es contra la Constitución de la Ciudad de México. Don Francisco Pastrana, del equipo jurídico de Julián Flores, expone: “No podemos aceptar una Constitución que no reconoce la propiedad de la tierra comunal ni el patrimonio propio y colectivo. Su artículo 3 señala como ‘principio de la ciudad’ el respeto a la propiedad privada y no a la comunal y ejidal: una aberración”.

Para ilustrar el tamaño del problema, don Francisco precisa que 48 por ciento del suelo en la Ciudad de México es propiedad comunal de los pueblos que las habitan, una parte menor es ejidal. La entidad capitalina abarca 148 mil hectáreas, de las cuales 72 mil son legítimamente indígenas. Tan sólo Milpa Alta ocupa una quinta parte de la denominada Ciudad de México. Casi otro tanto corresponde a los pueblos de Tlalpan y, con menor extensión, Xochimilco, Tláhuac, Cuajimalpa, Magdalena Contreras y Álvaro Obregón.

“La redacción de la Constitución fue antidemocrática, de corte neoliberal. Limita y niega derechos de los pueblos. La ciudad ‘requiere’ nuestras tierras. Somos un ‘obstáculo’ para los planes de inversión”, señala don Francisco.

Otro joven interviene: El 30 de diciembre vinieron a hacer aquí una pantomima de consulta de la Asamblea Constituyente. Pretendían que avaláramos su Constitución. Ya teníamos nuestro juicio de amparo, así que la rechazamos y se quemó la papelería. Cuatro semanas después la Asamblea Constituyente aprobó la ley y la remitió al jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, quien la publicó el 5 de febrero de 2017”.

Los comuneros detallan las violaciones de la nueva legislación contra la Constitución federal y tratados internacionales firmados por México, por lo cual han interpuesto dos amparos, uno en febrero de 2016, antes de promulgarse la nueva ley, y el segundo en marzo de 2017.

Mientras abandonamos las oficinas de bienes comunales para recorrer la villa y luego trasladarnos a los bosques y la reserva ecológica comunal, se pregunta a los comuneros por qué el Partido Revolucionario Institucional (PRI) gobierna la demarcación, antes administrada por el de la Revolución Democrática (PRD). Uno de ellos dice: Aquí los partidos políticos enfrentan retos peculiares, pues la organización territorial no depende de ellos. Otro responde la pregunta: “Quedó el PRI porque el PRD y Morena postularon gente que no era de aquí y nadie conocía. Pocos votaron, y los que sí, eligieron al único que era de Milpa Alta, Jorge Alvarado Galicia. Lo malo fue que tras él se nos vino a meter Mariana Moguel (dirigente capitalina del tricolor) que anda repartiendo dinero en la calle mientras el delegado le quiere poner oficinas a su mamá (Rosario Robles, secretaria de Desarrollo Social), para colmo, sin permiso de la comunidad”. Otro joven remata: Mientras, el gobierno perredista de Mancera nos acusa de priístas. Los políticos creen que todos somos como ellos.

Cuidan territorios de vida

No es fortuito que Milpa Alta, habitualmente sin turistas, a diferencia de tantos pueblos vecinos de la Ciudad de México y Morelos, acoja concurridas ferias gastronómicas (del nopal, del mole, del tamal). Resulta sorprendente un territorio agrícola tan generoso y natural a sólo 35 kilómetros del Zócalo. Se le llama cuna del nopal, su producción más importante y redituable. La bonanza comercial de la cactácea es un recurso más de la resistencia momoxca.

Los mercados locales distribuyen gran variedad de alimentos cultivados por los campesinos nahuas: haba, frijol, calabaza, ajo, maíz, frutos, lácteos, variedad de chiles, pulque, cerdo y una variedad interesante de hierbas comestibles y medicinales. Añádase la impresionante variedad de hongos que se recolectan en los bosques en época de lluvias. Como tenemos cerca la ciudad, nos surtimos sin problema de todo lo demás, apunta Pastrana.

Tal circunstancia permite que las redes comerciales propias –de puestos callejeros a supercitos, abarroterías y almacenes– cubran la demanda de la población. En Xochimilco, por cada Oxxo que se abre cierran 20 tienditas de la gente. Nosotros no hemos permitido que eso suceda, dice un miembro de la comisión administrativa.

Durante el recorrido por la villa nos acompañan el maestro David Elizalde Sánchez, de la representación comunal; el paleógrafo e historiador Armando Santiago Sánchez (quien ha transcrito los títulos virreinales de Milpa Alta), y la combativa Remedios Moreno, líder de las campesinas que venden su producción y hongos en las afueras del mercado delegacional: El delegado intentó echarnos encima a los locatarios, pero como vieron que nuestras ventas no afectan las suyas, pues no ofrecemos lo mismo, nos dejaron en paz.

Finalmente visitamos la reserva natural de los bienes comunales, que abarca 5 mil hectáreas de las 17 mil que son bosque, vigiladas por 19 brigadas, 15 organizadas por los pueblos y barrios y cuatro más denominadas Acces, que pertenecen al Área Comunitaria de Conservación Ecológica (ACCE). Participan unos 400 hombres y mujeres, quienes se internan diariamente en el territorio boscoso, combaten incendios, cuidan los pozos de agua (otro punto de conflicto con invasores y gobierno). Sin armas de fuego ahuyentan a cazadores, talamontes y posibles bandas criminales.

A menos de 20 kilómetros del Anillo Periférico , la reserva ACCE, con el volcán Tláloc al centro y un área que duplica a la delegación Benito Juárez, alberga ejemplares de venado cola blanca, gato montés, lince, tlacuache, coyote, tepexcuintle y otra fauna silvestre. En el trayecto al paraje La Quinta Nepanapa topamos con un par de brigadas integradas por hombres, mujeres y niños. El lugar es hermoso e histórico. Aquí se realizó el juramento inicial en 1976 para defender los bosques y manantiales; Porfirio Díaz la frecuentó como coto de caza y planeaba edificarse una quinta, de ahí el nombre. Hasta los años 70 la papelera Loreto y Peña Pobre extrajo madera, pero los comuneros lograron echarla.

La resistencia vital de Milpa Alta viene de lejos. Un brigadista se refiere a los jóvenes que lo acompañan, incluyendo un niño de 10 años: Ellos heredan la defensa de la tierra, que es la defensa de la cultura y de la vida.

http://www.jornada.unam.mx/2017/08/06/politica/002n1pol

 

 

 

Fuente: 
La jornada